Las conversaciones entre dos de las empresas tecnológicas con más recursos del mundo confirman que la carrera por la potencia computacional de la IA ahora se extiende mucho más allá de la atmósfera. Según un informe de TechCrunch, Google y SpaceX están en discusiones activas para establecer centros de datos en órbita alrededor de la Tierra, con el espacio como la arena futura para la infraestructura de inteligencia artificial.
Un balance de costos que nadie puede ignorar
No hay duda de que las ambiciones son grandes — y tampoco hay duda de que la factura es formidable. La empresa de análisis SemiAnalysis ha estimado en junio de 2026 que la computación espacial cuesta hoy 8,64 dólares por hora de GPU, frente a 2,37 dólares por una capacidad equivalente en tierra. Esto da un factor de costo de más de cuatro a uno.
Se estima que un centro de datos espacial hipotético de un gigavatio costaría alrededor de 170 mil millones de dólares, lo que es más de tres veces más caro que una instalación terrestre equivalente. Los costos de lanzamiento y satélites representan por sí solos alrededor del 60 por ciento del monto total. Un lanzamiento de SpaceX Falcon 9 cuesta hoy aproximadamente 2.500 dólares por kilogramo de carga útil — un precio que debe reducirse drásticamente para que el proyecto sea rentable.

Por qué el espacio sigue siendo interesante
Detrás de las cifras elevadas se esconde una crisis de recursos concreta en tierra. El consumo global de energía en los centros de datos alcanzó los 415 teravatios-hora en 2024 y se espera que se duplique con creces hasta los 945 TWh para 2030, según el material de investigación que sustenta este artículo. En EE. UU., los centros de datos ya representan más del cuatro por ciento del consumo total de electricidad — y la proporción podría alcanzar el nueve por ciento para finales de la década.
Un solo centro de datos de IA moderno de 100 megavatios puede consumir tanta electricidad como 100.000 hogares. Además, la refrigeración de las instalaciones terrestres requiere entre el 30 y el 55 por ciento del uso total de energía, y las grandes instalaciones pueden consumir hasta cinco millones de litros de agua al día.
En el espacio, la factura de la electricidad desaparece en teoría — los paneles solares en órbita reciben luz solar casi continua sin interferencia atmosférica. Pero el costo se traslada a matrices solares avanzadas, grandes disipadores de calor, protección contra la radiación y reemplazo frecuente de hardware. El vacío proporciona refrigeración pasiva, pero el calor solo puede eliminarse mediante radiación térmica, lo que requiere radiadores muy grandes.
La fiabilidad y la vida útil son un talón de Aquiles
Un desafío particular es la durabilidad del hardware en el espacio. La radiación y las fluctuaciones extremas de temperatura dan una tasa de fallos anual estimada del nueve por ciento, lo que significa que uno de cada once nodos necesitará ser reemplazado cada año. La vida útil de la infraestructura espacial se estima en cinco años, frente a quince años para instalaciones terrestres equivalentes.
¿Cuándo podría ser rentable?
La pregunta no es si, sino cuándo se cerrará la brecha de costos. Los propios cálculos de Google sugieren que si los costos de lanzamiento caen por debajo de los 200 dólares por kilogramo para mediados de la década de 2030, los costos operativos de los centros de datos espaciales podrían volverse competitivos con las alternativas terrestres. Estimaciones más optimistas, citadas en el material de investigación, señalan que la paridad de costos podría alcanzarse ya entre 2028 y 2030 — especialmente si la red eléctrica y la escasez de espacio en tierra empeoran más rápido de lo esperado.
Los escépticos insisten en que las soluciones espaciales todavía cuestan alrededor de tres veces más por vatio, y que las estimaciones de tiempo presuponen un desarrollo tecnológico y logístico que está lejos de estar garantizado.
En cualquier caso, cabe señalar que las conversaciones entre Google y SpaceX en esta etapa no significan que se haya llegado a un acuerdo o que se hayan aprobado proyectos concretos — se trata de negociaciones y estudios de viabilidad, no de inversiones anunciadas.
