En resumen
- El gobierno estadounidense ordenó entre el 12 y el 13 de junio de 2026 a Anthropic que suspendiera dos nuevos modelos de IA, Fable 6 y Mythos 5, por motivos de seguridad nacional.
- Las autoridades temen que los modelos puedan utilizarse para ciberataques si se eluden las barreras de seguridad.
- Anthropic rechaza la evaluación y considera que la decisión viola los principios de transparencia y justicia.
- El caso surge después de que el Pentágono, en marzo de 2026, designara a Anthropic como una amenaza para la cadena de suministro.
A mediados de junio de 2026, el gobierno estadounidense tomó una medida sin precedentes en la política de IA del país: se ordenó a Anthropic que desactivara los dos modelos recientemente lanzados, Fable 6 y Mythos 5, para todos los usuarios. Según la fuente de investigación, la decisión está relacionada con el temor de que los mecanismos de seguridad de los modelos puedan eludirse, y que, en manos equivocadas, puedan escribir código funcional para ciberarmas y descubrir vulnerabilidades críticas en la infraestructura nacional.
El gobierno teme un ciberpeligro
La razón de la orden de cierre es concreta: las autoridades creen que los modelos, si son «jailbreakeados», tienen una «capacidad sin precedentes para generar exploits avanzados y localizar fallos críticos en la infraestructura», según la fuente de investigación. La preocupación, por lo tanto, no se refiere al uso comercial normal, sino a escenarios en los que las barreras de seguridad se rompen deliberadamente.
El cierre no solo afecta a los clientes externos; según el material de origen, Anthropic también tuvo que cerrar el acceso a sus propios empleados con ciudadanía extranjera para garantizar el cumplimiento de la orden. Dean Ball, exfuncionario de la Casa Blanca, señala a TechCrunch que esto podría implicar que, en el futuro, los usuarios deberán documentar su ciudadanía para acceder a los modelos de Anthropic.
«No estamos de acuerdo en que el hallazgo de un potencial jailbreak limitado deba ser motivo para retirar un modelo comercial que está en uso por cientos de millones de personas» — Anthropic

Anthropic: Los principios han sido violados
La empresa no oculta su descontento. En una publicación de blog pública, Anthropic afirma que considera el problema del jailbreak como «limitado y no universal», y que capacidades similares existen en otros modelos de libre acceso. La empresa acepta en principio que las autoridades deben tener la potestad de detener sistemas de IA inseguros, pero subraya que dicho proceso debe ser «transparente, justo, claro y basado en hechos técnicos» — algo que, según TechCrunch, esta decisión no es.
Un paso histórico en la regulación de la IA
Esto marca un cambio significativo en la forma en que EE. UU. aborda el riesgo de la IA. Anteriormente, las medidas estadounidenses se habían centrado principalmente en el control de exportaciones de chips de procesador y herramientas de desarrollo — no en el cierre directo de modelos comerciales de IA dirigidos a una audiencia global.
Al mismo tiempo, se está llevando a cabo un debate regulatorio más amplio en EE. UU. La recientemente reintroducida FAIR Elections Act busca prohibir el contenido electoral generado por IA destinado a la supresión de votantes. La Sectoral AI Governance Act of 2026 otorgará a las agencias federales una autoridad más clara para hacer cumplir las normas cuando la IA se utilice para eludir la legislación existente, según la fuente de investigación. El caso de Anthropic pone estas discusiones en un primer plano: ¿Qué sucede cuando las propias advertencias de seguridad de una empresa sobre el riesgo de la IA se utilizan como argumento para la intervención gubernamental?
La ironía del papel del alertador
La situación de Anthropic contiene una ironía considerable. La empresa se ha perfilado consistentemente como uno de los actores más responsables en la industria de la IA, con un fuerte énfasis en el riesgo de seguridad en la comunicación pública. Es precisamente esta apertura sobre los posibles peligros lo que ahora puede haber contribuido a desencadenar la reacción de las autoridades — una reacción que la propia empresa considera equivocada.
El caso plantea cuestiones de principios sobre la relación entre la responsabilidad de las empresas de IA de advertir sobre los riesgos y la autoridad del Estado para actuar sobre dichas advertencias. La forma en que se resuelva este conflicto podría sentar un precedente para la regulación de la IA mucho más allá de las fronteras estadounidenses.
