¿Qué tan dependientes somos realmente de las empresas tecnológicas estadounidenses en nuestro día a día? Esta es la pregunta que un periodista del medio especializado dano-noruego Ingeniøren/Digi.no pone ahora de relieve, al intentar sustituir Slack, Google y Microsoft por alternativas europeas durante cuatro semanas consecutivas.

El experimento no es solo un desafío personal. Refleja un creciente debate político y empresarial en Europa sobre la soberanía digital, especialmente tras las repetidas preocupaciones relacionadas con los servicios en la nube estadounidenses y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE.

Ya el primer día: comienzan los desafíos

Según Digi.no, el periodista encuentra contratiempos ya en el primer día del experimento. Esto revela algo esencial: aunque existen alternativas europeas, los flujos de trabajo, los colegas y los sistemas están construidos en torno a las grandes plataformas estadounidenses. Sustituir una sola pieza rara vez es suficiente; hay que replantear toda la infraestructura.

Esto no sorprende a quienes siguen de cerca el sector tecnológico. Microsoft 365 y Google Workspace dominan el mercado de oficina a nivel mundial, mientras que Slack ha sido durante mucho tiempo la herramienta estándar para la comunicación de equipos en la industria tecnológica.

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¿Qué alternativas europeas existen?

No faltan alternativas europeas, pero la calidad y la facilidad de uso varían.

Nextcloud, de Stuttgart (Alemania), es quizás la alternativa más integral. La plataforma es de código abierto y ofrece almacenamiento de archivos, colaboración en documentos, calendario y videollamadas a través de Nextcloud Talk. Muchas entidades públicas europeas ya utilizan Nextcloud precisamente para garantizar que los datos permanezcan dentro de las fronteras de la UE.

Element, basado en el protocolo abierto Matrix y originario del Reino Unido, es utilizado, entre otros, por las fuerzas armadas alemanas, con más de 100.000 usuarios activos desde su lanzamiento en 2020. El sector público francés utiliza Tchap, también basado en Matrix, con más de 300.000 usuarios. La OTAN está probando el protocolo a través del proyecto NICE2.

Wire, con sede en Suiza y presencia en Alemania, se posiciona como una alternativa que prioriza la seguridad frente a Teams y Slack. Más de 1.800 organizaciones utilizan el servicio, incluidas agencias públicas. Schwarz Gruppe, una de las cadenas de supermercados más grandes de Europa, se encuentra entre sus clientes conocidos.

ONLYOFFICE, desarrollado en Letonia, ofrece un paquete completo de edición de documentos para texto, hojas de cálculo y presentaciones, y puede integrarse con plataformas como Nextcloud.

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La dimensión política

El experimento del periodista de Ingeniøren se enmarca en una tendencia europea más amplia. La Comisión Europea lleva tiempo presionando por la autonomía digital y, a raíz de la inestabilidad geopolítica y los debates sobre el acceso del gobierno de EE. UU. a los datos en la nube, el interés por las alternativas europeas y abiertas ha aumentado significativamente.

Matthew Hodgson, cofundador del protocolo Matrix y director ejecutivo de Element, ha afirmado que las autoridades europeas muestran un interés cada vez mayor por la informática de código abierto precisamente para reducir la dependencia de los gigantes estadounidenses. Sostiene que la soberanía digital no puede lograrse sin el software libre como base, una afirmación citada por Digi.no en su cobertura del sector.

Existen alternativas europeas, pero el cambio requiere algo más que descargar una nueva aplicación

Qué está probando realmente el experimento

Lo que el periodista de Ingeniøren está probando en realidad no es solo si la tecnología existe —que obviamente existe—, sino si es lo suficientemente madura como para funcionar sin problemas en un entorno profesional donde colegas, clientes y sistemas ya están entretejidos en el ecosistema de la Big Tech.

Este es el problema central para las empresas y entidades públicas de los países nórdicos que consideran un cambio: el efecto de red de Microsoft y Google es enorme. Cambiar de plataforma requiere no solo una migración técnica, sino también formación, cambios en los hábitos de trabajo y, sobre todo, que los colaboradores hagan lo mismo.

Los resultados de las cuatro semanas están por verse, pero ya en el primer día el mensaje es claro: las alternativas europeas están disponibles y son maduras, pero la transición está lejos de ser fluida.